El Congreso tumba la ILP contra la tauromaquia

Cuando la voluntad ciudadana choca con un muro político

Firmé esa ILP. Como yo, cientos de miles de personas que soñábamos con un país más coherente, más compasivo, más justo.

715.606 firmas en total, de las que 664.777 fueron validadas oficialmente, pedían algo tan simple como justo: que la tauromaquia dejara de ser patrimonio cultural.

No exigíamos prohibiciones drásticas ni ataques a la cultura. Solo pedíamos que se dejara de blindar con leyes y dinero público una práctica que implica sufrimiento.

Pero el Congreso decidió otra cosa.

Qué ha pasado exactamente

Ayer 7 de octubre, el Congreso de los Diputados rechazó admitir a trámite la ILP “No es mi cultura”, promovida por organizaciones como AnimaNaturalis, FAADA o Ecologistas en Acción.

El resultado fue demoledor:

  • 57 votos a favor
  • 169 en contra,
  • 118 abstenciones, la mayoría del PSOE.

En contra votaron PP, Vox y UPN. A favor, Sumar, Podemos, ERC, Bildu, PNV, BNG, Junts y Compromís.

Pero lo más grave no fueron los números, sino la rectificación de última hora del PSOE: el grupo había anunciado que votaría a favor de la admisión a trámite, pero finalmente cambió su postura y se abstuvo, alegando “respeto cultural” y “pluralidad de sensibilidades”.

Esa abstención fue decisiva. Bastó para tumbar el debate y cerrar la puerta a más de 700.000 voces ciudadanas.

Con esa decisión, la ILP ni siquiera será debatida en el Congreso. Es decir: no se discutirá en sede parlamentaria si la tauromaquia debe o no seguir protegida como patrimonio cultural.

Una ley que blinda el sufrimiento

La Ley 18/2013, aprobada por el PP con mayoría absoluta, declaró la tauromaquia parte del “patrimonio cultural español”.
Eso la colocó bajo el paraguas del Estado, impidiendo que comunidades como Cataluña o Canarias pudieran decidir libremente sobre su continuidad.

La ILP no pretendía abolir las corridas de toros de inmediato, sino derogar esa ley para que las comunidades recuperaran competencias. Un paso democrático, razonable y respetuoso.
Y, sin embargo, fue tumbado antes de empezar.

La abstención que lo cambió todo

El PSOE justificó su cambio de voto apelando al “respeto cultural” y a la “diversidad de sensibilidades”. Pero esa abstención no es neutralidad: es un posicionamiento a favor del statu quo.

Cuando el poder político se escuda en la “pluralidad cultural” para no avanzar, en realidad lo que hace es proteger lo establecido, aunque lo establecido sea violencia legitimada.

Desde los colectivos animalistas y también desde quienes firmamos esa ILP, se ha recibido la decisión socialista como una traición política y ética.
No solo por el resultado, sino por la falta de coherencia: decir una cosa y hacer otra cuando nadie mira.

Cultura sí, pero sin sangre

Se puede amar la cultura y rechazar la crueldad.
Se puede respetar la historia sin perpetuar el dolor.
La cultura no se destruye cuando se cuestiona: evoluciona.

El argumento de “es nuestra tradición” no puede seguir siendo excusa. También fueron tradición el circo con animales, las peleas de perros o los zoológicos sin criterios de bienestar. Y todas esas prácticas se están superando.
La evolución ética también forma parte de la cultura.

No fue en vano

Que esta ILP haya sido rechazada no significa que fracasara. Ha logrado algo más poderoso que una ley: movilizar conciencia.
Demostró que hay una mayoría silenciosa que no aplaude la violencia ni la considera arte.

Yo sigo creyendo que la empatía no se legisla, pero se aprende.
Y cuando la política no escucha, la sociedad civil tiene que insistir. En los municipios, en las comunidades, en cada conversación y cada voto.

La lucha sigue y no va a parar

Ayer el Congreso dijo “no”, pero eso no cambia la dirección del cambio.
Cada firma sigue valiendo. Cada persona que habló por los toros sin voz sigue contando.

El movimiento por una cultura sin maltrato animal no retrocede, solo se reorganiza.
Habrá nuevas vías: legislativas, autonómicas, educativas.
Porque lo que está en juego no es una fiesta, sino una forma de entender quiénes somos como sociedad.

Y yo, al menos, no pienso rendirme.

¿Me dejas tu opinión?

¿Crees que la tauromaquia debe seguir como patrimonio cultural?

Sí No No lo tengo claro

“Más de 700.000 firmas no se pierden: se organizan. La empatía también es cultura.”

Fuentes consultadas:

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